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martes, 16 de noviembre de 2010

Entrevista a Luis Enrique Peñaranda, travesti de la movida nocturna venezolana

“En Venezuela no estamos capacitados para asumir el matrimonio gay”


En el mundo artístico es conocido como Kike y cómo él mismo dice, no hay gay que no lo conozca. Desde hace 15 años trabaja como travesti en varios locales nocturnos de Caracas y en interior del país. Tiene pensado lanzarse a la política en 2012 y espera volver a la televisión y al teatro en 2011

Fabiana López Berra



Luis Enrique Peñaranda

A Luis Enrique Peñaranda se le puede encontrar todas las noches en Cool Café & Pub, un local para homosexuales ubicado en La Castellana, en Caracas. Prefiere que lo llamen Kike y nunca se niega a dar una entrevista. Es un hombre acostumbrado a la fama y la disfruta desde todas sus aristas: canta, baila, actúa y anima. Diariamente se viste de mujer y entretiene a todo el que asista a su show. Aunque es transformista, se siente hombre: “Yo siempre he sido un tipo, un varón. Que sea homosexual es otra cosa. Me visto de mujer porque es mi trabajo. La identidad sexual y la preferencia sexual son dos cosas diferentes”.
Llega vestido con una franela blanca y un jean azul, y su cabello está recogido en una cola de caballo. En unos minutos cambiará su franela por un top plateado, el jean será sustituido por unos leegins y el pelo caerá libremente sobre su espalda. Su rostro se esconderá tras un elaborado maquillaje femenino. Será entonces momento de iniciar la función de la noche. Pero mientras tanto, Kike dice sonriente: “Dispara tus preguntas, periodista”.

—¿Cuándo decidió que lo suyo era el mundo del espectáculo?
—Cuando tenía cuatro años de vida que empecé a cantar. Yo gané 16 festivales musicales como cantante. De 32 gané 16. Y toda la vida me gustó hacer teatro. Siempre estaba en las tablas actuando, siempre estaba cantando, siempre estaba metido en un peo.

—¿Estuvo en academias de teatro desde pequeño?
—Sí, en Barquisimeto estaba en el Taller Actoral Estable. Después me fui a Valencia y estudié teatro allá también. Todavía amo el teatro. Y también trabajé en televisión.

—¿Cómo se inició en la televisión?
Empecé a trabajar en Venevisión como extra. Luego fui asistente de varias personas en el canal como Mariano Álvarez, Amanda Gutiérrez y Víctor Cámara. Víctor y yo nos hicimos muy buenos amigos. Fui su mano derecha en todo. Con Víctor duré diez años de mi vida trabajando. Toda su vida la llevaba yo.

—¿Trabajó en algún momento delante de cámaras?
—Claaaaaaaro. Trabajé mucho tiempo detrás de cámara porque hacía la parte de producción que me encantaba, pero luego empecé a trabajar en novelas, hasta que un día me llaman para trabajar en Bienvenidos. Me dijeron: “¿Tú quisieras trabajar con nosotros?” Y como me gustaba acepté. Para la prueba hice un solo sketch. Al día siguiente aparecí en el libreto, ya estaba dentro del elenco de Bienvenidos. Fui el tipo más feliz de este mundo.

—¿Cuánto tiempo trabajó en Bienvenidos?
—Quince años de mi vida. Al lado de Miguel Ángel Landa. Gracias a él aprendí mucho de actuación. Él sacó ese monstruo que había en mí y toda la parte de la comedia. Él me enseñó: “De lo bueno poco para que la gente quede picada y siga queriendo más de ti”.

Kike se aceptó como gay desde muy joven; sin embargo se lo contó a su familia cuando tenía 30 años, por miedo a la reacción que pudieran tener ante tal noticia. Aunque dice no haber sentido discriminación alguna en su vida laboral, opina que su salida de Venevisión se debió a ciertos comentarios sobre su preferencia sexual.

—¿Por qué lo despiden de Venevisión?
—Salgo de Venevisión porque una vez en una entrevista, en cámara, dije que era gay. Después pasaron ciertas cosas y un día dejaron de llamarme. Me supuse que fue por eso. Entonces decidí irme a Estados Unidos. Trabajé en un programa allá, para la cadena Telemundo, llamado “Jajaja”. Claro, Venevisión me hace la guerra fría porque “Jajaja” y Telemundo son la competencia de Cisneros y mi programa salía los domingos a las 9:00 pm, en el mismo horario que salía Bienvenidos en Univisión. O sea, yo competía contra mí mismo. Por supuesto, puedes imaginarte el peo que se armó con Univisión. Me despidieron y para no quedarme como un inmigrante más en Estados Unidos, decidí venirme nuevamente a Venezuela, comiéndome un cable. Y empecé a hacer show travestis. Comencé a profesionalizarme más como travesti hasta consolidar la carrera que tengo ahora.

—¿Tiene planes de volver a las tablas o a la televisión?
—Creo que el año que viene posiblemente haya una participación en una obra de teatro con Daniela Alvarado. También hay algo por ahí en televisión. Tengo unas conversaciones la semana que viene, no quiero decir mucho, pero capaz vuelvo a la televisión.

—¿Con Venevisión?
—Sí. Vamos a ver que pasa. ¿Te suena “A que te ríes”?

—¿Y tiene algún otro proyecto laboral en mente?
— Quiero lanzarme a la parte política. Voy a ver si dentro de dos años hago algo bueno.

—¿Qué planes tiene en cuanto a la política?
—Bueno ya me ofrecieron algo por allí, pero son ofrecimientos, vamos a ver qué pasa. De verdad a mí me sigue muchísima gente y pienso que tengo un poquitico de conciencia como para decir lo que quiero y lo que no quiero y ser intermedio. Pero vamos a ver qué pasa porque creo que va a haber algo bien bueno. Viene algo por ahí. No quiero decir nada para que las cosas se den.

—Por lo menos dígame si es un cargo de elección popular.
—Es de elección popular. Eso es lo que quiero. Por elección popular, porque si no, no llego a ningún lado (risas), porque marico que no conoce a Kike no es marico.
Luis Enrique es un hombre que dice lo que piensa y considera que tiene la suficiente capacidad para desempeñar un buen papel en el ámbito de la política. Está comprometido con la comunidad LGBT (Lesbianas, gay, bisexuales y transexuales), pero no está de acuerdo con todo lo que exigen en materia legal al gobierno nacional.

—¿Qué opina de hombres como Boris Izaguirre y Elton Jhon que decidieron casarse? ¿Le gustaría que aprobaran el matrimonio entre homosexuales en Venezuela?
—Eso me encanta. Pero pasa lo siguiente: aquí en Venezuela lamentable no podría desear que se aprobara una ley para el matrimonio homosexual. Si me gustaría la igualdad de parejas, pero no el matrimonio todavía. ¿Por qué? Porque en Venezuela no estamos capacitados para asumir el matrimonio gay. Somos unos promiscuos. Y no solamente los gay, sino los hombres y las mujeres en general. O sea hay una vaina de promiscuidad horrible. Aquí se casan y a los dos meses se divorcian ¿Qué vaina es esa? Están locos. ¿Entiendes? Pero hay casos de parejas gay que tienen 16, 17, 18 años juntos y uno de los dos muere y la familia del otro le quita todas las vainas, cuando lo crearon entre los dos y eso no puede ser. Entonces debería haber algo, como una especie de ley, que se firmara y que dijera mira esto es de ambos porque es una sociedad conyugal. Eso es lo que sí me gustaría. El matrimonio en este momento no, porque no estamos preparados para eso. Yo pienso que todavía somos un país tercermundista en ese aspecto. Lo digo y tal vez me caerán muchos maricos encima y me digan: “¿Marico, tú eres loco? Vamos a aprobar eso”. Pero si se ponen a pensar en frío, los homosexuales nunca hemos vivido ni pasado por eso, entonces van a empezar los maricos a casarse como locos, las lesbianas a casarse como locas y después a divorciarse ¿Qué es eso?

—Y en cuánto a la familia ¿Le gustaría tener hijos?
—Claaaaaro. De hecho si llego a tener una pareja estable, yo no tendría problema en adoptar. A mí me encantaría adoptar. ¿Por qué? Porque pasa algo: la identidad sexual de un ser humano no interfiere con la crianza de un niño. Una pareja gay puede tener un hijo normal que diga: “Yo tengo dos papás” o “yo tengo dos mamás” y ese niño jamás será gay o jamás será lesbiana. La adopción me encanta porque hay muchos niños con hambre, hay muchos niños que están solos, niños en la calle que uno puede rescatar, a los que pudiese hacer felices y formar una familia.

Kike mira al techo, mientras responde la pregunta anterior. Tal vez se imagina como padre. En ese momento pasa una de sus compañeras de trabajo, una transexual llamada Nicolle y le dice: “Bendición, Pai. Apúrate que ya nos toca actuar”, a lo que Kike responde: “Dios te bendiga, ya me voy a arreglar”. Luego dice: “Aquí tengo muchísima gente a la que quiero, gente a la que amo, que son muy especiales. He hecho una familia en la que tengo mis hijas. Tengo a Bárbara que está en España, a Jackeline que está en Alemania, tengo a Giselle, a Luna, a Alexa, a Nicolle. Son mis hijas. Ellas no tienen familia porque están discriminadas por ser transexuales, pero yo soy su papá”.

martes, 25 de mayo de 2010

El transformismo: una forma de expresión artística

Muchas personas suelen asociar la adopción de vestuarios y comportamientos propios del sexo opuesto con conductas sexualmente desviadas. Sin embargo, en la actualidad un grupo de artistas de locales nocturnos caraqueños adoptan el transformismo sólo como expresión artística

Fabiana López Berra


Frecuentemente se ha asociado el transformismo con las desviaciones en cuanto a la identidad sexual, pero en la actualidad personas de distintas edades y sexos asumen el transformismo como una forma de expresión artística comparable al teatro, en el que asumen los roles del sexo opuesto con el fin de entretener a un público que acude a ciertos lugares nocturnos como quien acude a una obra de teatro o al cine.





En algunas culturas el transformismo ha sido considerado como una disciplina artística. En Japón, por ejemplo, el teatro Kabuki del siglo XVII era representado en sus inicios exclusivamente por mujeres, que interpretaban tanto roles femeninos como masculinos; posteriormente, por razones de celos sociales, a las mujeres se les prohibió continuar haciendo este tipo de teatro y fueron los hombres quienes lo asumieron, interpretando igualmente personajes tanto masculinos como femeninos. Asimismo, en la Inglaterra del siglo XVI los actores de teatro asumían papeles masculinos y femeninos indistintamente, debido a que sólo los hombres podían actuar en las tablas. Estas representaciones no se asociaban con problemas de identidad sexual.

Pero con el paso de los años esta expresión artística fue relacionándose cada vez más con problemas de identidad sexual. Este fenómeno ha sido estudiado por psicólogos y sexólogos del ámbito mundial, que han clasificado la conducta transformista como una expresión comportamental sexual mínima, en la que se toman elementos identificatorios del sexo opuesto para un fin específico.

El sexólogo Juan José Moles afirma que dentro del comportamiento que emiten las personas en un contexto sexual, entendido el sexo como género (masculino y femenino), hay diversas expresiones comportamentales que él clasifica en diferentes grados según su intensidad: expresión comportamental mínima, expresión comportamental acentuada, expresión erótico-sexual a nivel de fantasía, expresión erótico-sexual mínima, expresión erótico-sexual preferida, expresión erótico-sexual predominante y expresión erótico-sexual exclusiva.

Las dos primeras categorías no se insertan dentro de la actividad erótico-sexual del ser humano, ya que el acto sexual no está incluido dentro de las conductas relacionadas a la feminidad o masculinidad que se estudian en las mismas. Justamente dentro de estas categorías se inserta el transformismo, expresión comportamental que Moles define como: “La adopción de conductas y vestimentas propias del género contrario que se realizan en un momento determinado con un objetivo específico, sin ningún tipo de intención erótico-sexual en el acto”.

La definición de Moles coincide con lo que ciertos artistas del transformismo afirman que hacen en sus espectáculos: se transforman en mujeres para realizar shows de bailes y comedias en los que no sólo se ven como féminas sino que se asumen como tales mientras dura el espectáculo.





Parchita de noche, Luis Peroza de día
El 22 de junio de 1989, Luis Peroza debutó como transformista. Todas las noches se viste de mujer y encarna a Parchita para realizar comedias frente a una audiencia que espera siempre lo mejor de él y por la que se esfuerza siempre en dar lo mejor de sí: “me gusta instruirme en el personaje que voy a hacer para después exteriorizarlo al público. Dependiendo del tipo de trabajo que ejecute esa noche, estudio el personaje para que la gente vea algo que es una copia pero que se asemeja mucho al artista original. También hago comedia para que la gente se divierta y pase un rato muy ameno”.


Peroza afirma que siempre tuvo la inquietud de vestir como mujer y ser una gran estrella. Pero lo que realmente lo impulsó a practicar el transformismo fue un desquite contra su ex pareja: “Lo hice como una venganza, porque él odiaba todo eso de que yo me vistiera de mujer y yo me frenaba por eso. Luego cuando él me hizo algo malo dije ‘bueno ésta va a ser la venganza’, porque yo sabía que él odiaba esto”.

Aunque se siente artista en muchas otras formas, Peroza explica que su mayor logro lo consiguió con el transformismo: “Vestirme de mujer es un trabajo. Yo me siento artista en otras formas. Yo soy maquillador, soy creativo pero la gente te relaciona por vestirte de mujer y te reconoce en las calles. Por eso te digo que mi mayor éxito artístico ha sido Parchita”.


Mercury, un artista exclusivamente transformista
Erick Peraza llegó al transformismo por satisfacer una curiosidad que le estaba rondando la cabeza desde hacía mucho tiempo: “Yo soy bailarín y me llamó la atención eso de saber qué se siente hacer el baile como mujer o interpretar algo de mujer. Un buen día me atreví y lo hice, pensé que lo iba a hacer sólo por esa vez y fíjate ya tengo dos años interpretando a Mercury”.

Para Peraza ser artista es sinónimo de ser transformista, ya que sólo se siente artista cuando asume su rol de fémina: “Cuando me visto de mujer, estoy feliz, me siento fabulosa, la gente me saluda, me toma fotos. A veces de hombre no lo hacen, aunque algunos se acercan y me reconocen. Pero en definitiva me siento artista cuando hago de mujer, cuando estoy de hombre me siento una persona normal, común y corriente que trabaja, que va al mercado y que hace cosas como las demás personas”.


Aarona Baker, transformista por error
En la década de los 90 Aaron era asistente de Edith Piñero, artista principal de un antiguo local nocturno caraqueño. En el año 2000, Piñero decide hacer de Aaron un artista trasformista, para que ayudara a un fotógrafo con unas tarjetas de navidad: “Yo no me volví transformista, yo no lo decidí, lo decidieron por mí. Edith y yo teníamos un amigo en común que es fotógrafo, se llama Daniel Machado. Daniel quería para diciembre de 2000 regalar tarjetas navideñas pero con imágenes de transformistas, entonces Edith se volteó y le dijo te la tengo y bueno era yo. Eso fue un martes y ya el viernes estaba haciendo un show cómico. Yo nunca me había vestido de mujer por mi tamaño, por mi voz”, explica Aaron.

Para diferenciarse del resto de los transformistas venezolanos, Aaron decidió adoptar un nombre y un apellido, cosa que no se estila, puesto que en general se usan sólo apodos. Cada vez que se viste de mujer se transforma en Aarona Baker y ve en su personaje una profesión: “Comenzó como un hobby pero actualmente lo veo como profesión. Es profesión porque cuesta mucho llevar esta vida. Cuesta porque pierdes amistades; te quita mucho tiempo; gastas mucho dinero en vestuario, pelucas y maquillaje dentro de este mundo. Tienes que parecerte al personaje, quizá no físicamente pero el vestuario, los movimientos. Tienes que prepararte pero sí se puede”.


Kike, un transformista al que no le gusta vestirse de mujer
Luis Enrique Peñaranda es un transformista muy particular. Mientras muchos de sus compañeros disfrutan el vestirse como mujer para realizar espectáculos artísticos, a Peñaranda esto le fastidia: “Bueno en realidad a mí nunca me gustó vestirme de mujer, de hecho no me gusta. Sinceramente a mí vestirme de mujer me aburre. No sé como hacen ustedes las mujeres para vivir con tacones, pelo largo y maquillaje. Pero bueno empecé a vestirme de fea y de niñita y luego mejoré un poco los vestuarios y a la gente le gustó el cambio y dije ‘porqué no hacerlo más bonito y porqué no adoptar más la figura femenina’, y empecé a hacerlo”.






En definitiva el transformismo como aspecto puro de una expresión artística no tiene que ver necesariamente con un problema de identidad sexual ya que no determina ni la identidad ni la orientación sexual del artista.